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viernes, agosto 18, 2006

Un grito en el silencio

Entre tantas noticias del periódico, entre muerte expresada de tantas maneras, entre el ruido de la guerra, la tristeza de una situación que se escapa de las manos y la rabia, la impotencia, el silencio…Como cualquier otro día. Y de repente encuentro esta noticia http://www.elpais.es/articulo/sociedad/Fuertes/criticas/paises/ricos/
cierre/conferencia/SIDA/Toronto/ para mi sorpresa una voz se alza dentro de un organismo que te enseña a callar. La más repulsiva de las traiciones no sólo es no hacer nada, es callar y mirar para otro lado cuando se tiene el poder de cambiar las cosas. Conozco el sistema desde dentro, conozco cual es la filosofía que se vende hacia fuera y la realidad con la que se vive desde dentro. Conozco el poder en manos de oro, conozco la injusticia de no tener un gran apellido en una organización que se ha llenado de eso, y quién habla de apellidos habla de fortunas…qué más dá!. No quiero dejar aquí sólo la imagen negativa, es cierto que hay grandes profesionales, es cierto que mucha gente da mucho de su vida en organizaciones del sistema, es cierto que todavía hay gente que cree en cambiar las cosas y lo intenta cada día. Sin embargo, y aunque me pese decirlo no son la mayoría, no son los que toman las grandes decisiones. Y sin embargo, queda esperanza, cuando el señor Stephen Lewis se atreve a decir lo que todos callan. Hay que tener en cuenta que ya ha terminado su misión y que está fuera del juego, sino quizá no se hubiera atrevido a decir lo que ha dicho, sino quizá seguiría callando. Pero sus palabras ahí están, su crítica ahí queda y el resto de sus compañeros y compañeras, con sus mega sueldos, sus mega puestos y sus mega contactos harán de él como la oveja descarriada y seguirán haciendo oídos sordos y espero equivocarme pero la próxima enviada especial de la ONU para el SIDA en África no será una mujer ni será negra y si lo fuera vendrá bien enseñada con un perfil como el de Condolezza, mujer sí y negra también, pero algo me dice que no es lo que una esperaría.

jueves, agosto 03, 2006

Un mundo lleno de sombras

Me indigna tanto la realidad de nuestros días, cómo se tergivensan las cosas para hacer buenos y malos, cómo se puede matar impunemente y legitimar esa violencia basándose en el derecho divino. Cómo son civiles inocentes, víctimas de sus gobiernos, quienes tienen que pagar el alto precio de unas decisiones tomadas en elegantes salas de reuniones. Mejor lo explica Galeano porque yo me quedo sin palabras...

¿Hasta cuándo?.- Eduardo Galeano. Julio 2006

Un país bombardea dos países. La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre. Algunas tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta cuándo los horrores se seguirán llamando errores?

Esta carnicería de civiles se desató a partir del secuestro de un soldado. ¿Hasta cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá justificar el secuestro de la soberanía palestina? ¿Hasta cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá justificar el secuestro del Líbano entero?

La cacería de judíos fue, durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz desembocó un antiguo río de espantos, que había atravesdo toda Europa. ¿Hasta cuándo seguirán los palestinos y otros árabes pagando crímenes que no cometieron?

Hezbollá no existía cuando Israel arrasó el Líbano en sus invasiones anteriores. ¿Hasta cuándo nos seguiremos creyendo el cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo porque tiene derecho a defenderse del terrorismo?

Irak, Afganistán, Palestina, Líbano… ¿Hasta cuándo se podrá seguir exterminando países impunemente?

Las torturas de Abu Ghraib, que han despertado cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para nosotros, los latinoamericanos. Nuestros militares aprendieron esas técnicas de interrogatorio en la Escuela de las Américas, que ahora perdió el nombre pero no las mañas. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga legitimando, como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la legítima defensa de la patria?

Israel ha desoído cuarenta y seis recomendaciones de la Asamblea General y de otros organismos de las Naciones Unidas. ¿Hasta cuándo el gobierno israelí seguirá ejerciendo el privilegio de ser sordo?

Las Naciones Unidas recomiendan pero no deciden. Cuando deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque tiene derecho de veto. La Casa Blanca ha vetado, en el Consejo de Seguridad, cuarenta resoluciones que condenaban a Israel. ¿Hasta cuándo las Naciones Unidas seguirán actuando como si fueran otro nombre de los Estados Unidos?

Desde que los palestinos fueron desalojados de sus casas y despojados de sus tierras, mucha sangre ha corrido. ¿Hasta cuándo seguirá corriendo la sangre para que la fuerza justifique lo que el derecho niega?

La historia se repite, día tras día, año tras año, y un israelí muere por cada diez árabes que mueren. ¿Hasta cuándo seguirá valiendo diez veces más la vida de cada israelí?

En proporción a la población, los cincuenta mil civiles, en su mayoría mujeres y niños, muertos en Irak, equivalen a ochocientos mil estadounidenses. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando, como si fuera costumbre, la matanza de iraquíes, en una guerra ciega que ha olvidado sus pretextos? ¿Hasta cuándo seguirá siendo normal que los vivos y los muertos sean de primera, segunda, tercera o cuarta categoría?

Irán está desarrollando la energía nuclear. ¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que eso basta para probar que un país es un peligro para la humanidad? A la llamada comunidad internacional no la angustia para nada el hecho de que Israel tenga doscientas cincuenta bombas atómicas, aunque es un país que vive al borde de un ataque de nervios. ¿Quién maneja el peligrosímetro universal? ¿Habrá sido Irán el país que arrojó las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki?

En la era de la globalización, el derecho de presión puede más que el derecho de expresión. Para justificar la ilegal ocupación de tierras palestinas, la guerra se llama paz. Los israelíes son patriotas y los palestinos son terroristas, y los terroristas siembran la alarma universal.

¿Hasta cuándo los medios de comunicación seguirán siendo miedos de comunicación?

Esta matanza de ahora, que no es la primera ni será, me temo, la última, ¿ocurre en silencio? ¿Está mudo el mundo? ¿Hasta cuándo seguirán sonando en campana de palo las voces de la indignación?

Estos bombardeos matan niños: más de un tercio de las víctimas, no menos de la mitad. Quienes se atreven a denunciarlo son acusados de antisemitismo. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo antisemitas los críticos de los crímenes del terrorismo de estado? ¿Hasta cuándo aceptaremos esa extorsión? ¿Son antisemitas los judíos horrorizados por lo que se hace en su nombre?

¿Son antisemitas los árabes, tan semitas como los judíos? ¿Acaso no hay voces árabes que defienden la patria palestina y repudian el manicomio fundamentalista?

Los terroristas se parecen entre sí: los terroristas de estado, respetables hombres de gobierno, y los terroristas privados, que son locos sueltos o locos organizados desde los tiempos de la guerra fría contra el totalitarismo comunista. Y todos actúan en nombre de Dios, así se llame Dios o Alá o Jehová. ¿Hasta cuándo seguiremos ignorando que todos los terrorismos desprecian la vida humana y que todos se alimentan mutuamente? ¿No es evidente que en esta guerra entre Israel y Hezbollá son civiles, libaneses, palestinos, israelíes, quienes ponen los muertos? ¿No es evidente que las guerras de Afganistán y de Irak y las invasiones de Gaza y del Líbano son incubadoras del odio, que fabrican fanáticos en serie?

Somos la única especie animal especializada en el exterminio mutuo. Destinamos dos mil quinientos millones de dólares, cada día, a los gastos militares. La miseria y la guerra son hijas del mismo papá: como algunos dioses crueles, come a los vivos y a los muertos. ¿Hasta cuándo seguiremos aceptando que este mundo enamorado de la muerte es nuestro único mundo posible?

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